
¿Qué estaba tratando de aliviar?
En estos tiempos, más que nunca, necesitamos mirarnos con más compasión.
Te hablo desde mi propia experiencia. Hubo una etapa de mi vida en la que fui cuidadora de mi mamá, quien vivía con Alzheimer. Al mismo tiempo, intentaba hacer malabares con el resto de mis responsabilidades. El resultado era un día a día marcado por el cansancio profundo, la tristeza y un agotamiento emocional que parecía no tener fin.
En medio de ese caos, encontré un refugio temporal en la comida.
El azúcar me devolvía un destello de alegría. Unas almendras con chocolate me daban el empujón de energía que mi cuerpo ya no producía por sí solo. Por unos minutos, la comida me hacía sentir a salvo. Sin embargo, al terminar, la sensación volvía y seguía buscando qué más comer. A veces mi cuerpo solo tenía sed o estaba deshidratado, pero mi mente lo traducía como hambre. Otras veces, simplemente era la necesidad urgente de encontrar una pausa, un respiro dentro de la tormenta.
Con el tiempo, y desde el aprendizaje, entendí algo fundamental: no siempre comemos porque nuestro cuerpo necesita combustible; a veces comemos porque nuestro corazón busca alivio. Y eso no está mal; es una respuesta humana absolutamente válida ante el dolor y la sobrecarga.
Por eso, cuando abordamos el aumento de peso o la obesidad desde la salud pública, no podemos limitarnos a contar calorías. Tenemos que hablar, con urgencia y sin juzgar, de la ansiedad, el estrés crónico, el agotamiento, la falta de sueño, la tristeza y el entorno en el que estamos sobreviviendo.
Hoy, como salubrista y gerontóloga, abrazo esa etapa de mi vida con mucha ternura. Aprendí que cuidar de los demás descuidando nuestra propia salud tiene un costo demasiado alto. Precisamente para acompañarte a sanar ese vínculo y encontrar un equilibrio en tu rol como cuidador, escribí mi libro El Arte de Cuidar sin Descuidarte, una guía pensada para dar luz a esa realidad que tantas personas viven en silencio.
Hoy quiero invitarte a reflexionar, desde un espacio seguro y libre de culpas:
Cuando buscas comida sin tener hambre física, ¿qué necesidad profunda estás intentando satisfacer?
¿Qué es lo que realmente estás tratando de aliviar en este momento de tu vida?
Tal vez comenzar a sanar tu relación con la comida no se trate de imponer la próxima dieta estricta. Tal vez el verdadero primer paso sea sentarte en calma a escuchar qué es lo que tú, de verdad, estás necesitando.
Porque aprender a cuidarte también es una forma de empezar a amarte.
💬 Un espacio pensado para tu bienestar:
Si te identificas con esta historia y buscas herramientas prácticas para ego arte en el autocuidado, sin dejar de lado tus responsabilidades, te invito a visitar la sección designada de mi página web dedicada a mi libro. Allí encontrarás el espacio exclusivo donde puedes conocer más sobre esta guía y adquirir tu copia.
Un gozo apoyarte,
Carmen Collazo




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